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2026-07-29 · ES

Pilares: curiosidad y no-opresión

Hay dos pilares que conforman mi manera de pensar, razonar y observar (mi entorno). No son dogmas cerrados sino son reglas ambiguas que pretenden orientar mi pensamiento y mis decisiones, he aquí un pequeño resumen de dichas reflexiones:

Primer Pilar: Curiosidad (La ciencia en el pensamiento)

Preguntarse el porqué de las cosas (metodología científica). Intentar responder bajo el marco más objetivo posible: sabiendo que la objetividad plena es imposible, se busca esa utopía. Usar el razonamiento y el método científico como brújula que guía el entendimiento; de esta manera me permito razonar de forma más justa y guiada por (el intento de) la verdad.

Esta curiosidad no se limita al entorno. Se aplica también hacia uno mismo: hacia las propias justificaciones, el ego y las narrativas que uno se cuenta (se verá cómo es importante para el segundo pilar).

Segundo Pilar: No-opresión (El principio que lleva a la “Anarquía”¹)

La no-coerción es bidireccional. No oprimir y no dejarse oprimir. La opresión no es solo la del jefe (que te lleva al límite u obliga/impone a trabajar fuera de los límites éticos e incluso legales) o la de la ley (que impone una “justicia” que diferencia entre individuos debido a su clase/estatus/etnia/profesión/ascendencia/etc.); también es la de los conceptos abstractos, las normas sociales interiorizadas (cuando debes hacer/ser algo porque así lo impone la cultura) o el dinero (en el momento en que te empuja a realizar acciones para obtener el acceso a bienes vitales básicos).

El criterio de detección es sencillo: hay opresión cuando el individuo no tiene una forma realista de evadirla. Si existe derecho de salida efectivo, la relación (aunque asimétrica) puede seguir siendo voluntaria y lícita. Si no existe, se convierte en opresión. Con esto se refuta la duda (a veces burlesca) sobre la anarquía y a la idea (impuesta por sus opositores) de que el anarquismo es el caos absoluto ya que no existen jerarquías, lo cual no es del todo cierto. Puede existir una jerarquía sin opresión (aunque hoy en día no es algo convencional) cuando la parte que se encuentra en la zona subordinada de la jerarquía puede eliminar/romper dicha forma jerárquica y/o cambiar a dicho elemento jerárquico (su superior). Se puede asimilar a la manera de detectar si uno es adicto: en el momento en el que, para realizar tareas del día a día, es necesario ese elemento y no es posible proceder sin su consumo, se puede empezar a considerar a dicho sujeto un adicto (en este caso, un individuo oprimido).

Las presiones internas, las que vienen de “la sociedad dice que…”, se pueden enfrentar con un entrenamiento de raíz estoica: detectar la manipulación, reducir la sensibilidad al dolor emocional y decidir con más claridad y neutralidad. Las externas se combaten con los medios posibles (y comúnmente más convencionales): organización, reclamación y/o confrontación.

Pero, sobre todo, falta el que considero el punto más importante, lo que hace que sea no-opresión bidireccional. A su vez es el punto más complicado de todos: detectar y reducir las formas en las que oprimimos a los demás. Desde situaciones personales (manipular, consciente o inconscientemente, a alguien para que opine/actúe como uno quiere) hasta la obvia situación laboral (en la que, teniendo subordinados, uno se aprovecha de su posición para obtener ciertas ventajas y, por ende, desfavorece a los que se encuentran en posiciones inferiores). Desde un punto de vista lógico, si todos conseguimos no oprimir a los demás (ya sea de manera directa o indirecta), nadie puede estar siendo oprimido por otro (generando el conjunto de pares opresor->oprimido = ∅).

Diagrama de la relación "x oprime a y" entre individuos: si de ningún individuo sale una flecha, a ningún individuo le llega ninguna — la relación es vacía y nadie está oprimido

Los dos pilares se necesitan

Sin la curiosidad profunda, la no-opresión se degrada fácilmente en resentimiento de grupo (venganza)² o en autoengaño (“yo solo defiendo lo justo”). La costumbre de preguntarse el porqué de las propias emociones y de las narrativas de víctima/perpetrador es lo que permite romper el ego y detectar cuándo uno mismo está propagando la opresión.

El debate, la conversación sincera consigo mismo y la exposición a otras formas de vida funcionan como experimentos de contraste. Son el mecanismo cuasicientífico de autocorrección del sistema.

Escala y dinero

Si se toma en serio la no-opresión, el dinero tal como lo conocemos hoy, herramienta de poder en la mayoría de los casos, resulta irritante. Un horizonte coherente y utópico apuntaría a reducirlo o transformarlo radicalmente, de modo que las personas dejen de tratarse como medios (para obtener beneficio) y pasen a verse como fines en sí mismas³.

Las grandes ciudades generan más entropía social y más fricciones. Comunidades más pequeñas, cohesionadas, con un fin compartido y derecho de salida real, parecen más compatibles con el marco (se puede observar cómo en grupos superiores a 150 individuos es necesario algún sistema opresivo para la cohesión del mismo)⁴. No porque sean perfectas, sino porque el coste de abandonar una relación opresiva es más bajo y el monitoreo mutuo y bidireccional más factible.

Ejemplos históricos y contemporáneos (sistemas de créditos de trabajo en comunidades aisladas, economías de reciprocidad a pequeña escala, gestión local de comunes) muestran que es posible coordinar sin dinero interno. También muestran los límites: la homogeneidad se erosiona, los incentivos flaquean y, a mayor escala, reaparecen nuevas formas de poder⁵.

Nada de esto pretende oprimir tu pensamiento

Este pensamiento no pretende ser una ideología completa. Es un filtro: curiosidad radical + vigilancia permanente sobre el propio poder de oprimir y/o estar siendo oprimido. Todo lo demás (la forma concreta de las comunidades, el sustituto exacto del dinero, el diseño de las instituciones) queda abierto a la evidencia y al experimento.

Lo más difícil sigue siendo lo de siempre: darse cuenta de que uno está ejerciendo un mal, la opresión que dice combatir.

Citas/Aclaraciones

  1. La “Anarquía” es un concepto abstracto y, por ende, con una amplia cantidad de posibles significados. En este texto se tomará como la forma de relación en la que no existe poder opresivo, aproximándose más a la definición «ausencia de autoridad» que a una forma política o ideológica.
  2. La venganza o el resentimiento son emociones válidas y entendibles en ciertas situaciones, pero no son un medio justo por el cual tomar acción. Pongamos como ejemplo una situación de asesinato: la familia de la víctima, desde su sentimiento y su pérdida, pedirá la pena de muerte o la prisión permanente/longeva para el perpetrador. Aun siendo legítima dicha petición, es necesario revisar el porqué de dicho acontecimiento (en este caso, el asesinato), el contexto del perpetrador, de la situación y del conjunto. Con esto no se pretende poner en cuestión a la víctima, sino proceder con el resultado más justo y beneficioso para el conjunto de la sociedad, donde la venganza puede distorsionar el sentido de justicia.
  3. “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como un fin y nunca solamente como un medio.” — Immanuel Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), segunda formulación del imperativo categórico.
  4. Yuval Noah Harari, Sapiens: de animales a dioses (2011), cap. 2, donde recoge el “número de Dunbar”: por encima de ~150 individuos la cohesión ya no se sostiene con el trato directo y exige órdenes imaginados compartidos (mitos, leyes, jerarquías). El estudio original: Robin Dunbar, “Neocortex size as a constraint on group size in primates”, Journal of Human Evolution 22 (1992).
  5. Las colectividades libertarias de Aragón (1936–1937), donde varios pueblos abolieron el dinero interno y usaron vales o bonos de trabajo (Gaston Leval, Colectividades libertarias en España, 1972); los kibutz palestinos en su etapa clásica; Elinor Ostrom, El gobierno de los bienes comunes (1990), sobre gestión local de comunes sin mercado ni Estado; David Graeber, En deuda: una historia alternativa de la economía (2011), sobre economías de reciprocidad y sobre cómo el poder y la deuda reaparecen al escalar.

— E N D —

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